martes 15 de abril de 2008

Diario de un fiscal rural




Tawfiq Al-Hakim

Ediciones del Viento, 2004
160 págs




Con mayor claridad de lo que en la literatura de ficción se acostumbra, el Diario de un fiscal rural más que como una novela se lee como una autobiografía. Porque la realidad es que refleja un período de la vida de Tawfiq Al-Hakim que antes de convertirse en escritor célebre y de llegar a director de la Biblioteca Nacional de El Cairo, ejerció de fiscal y en este puesto tuvo ocasión de conocer ese Egipto rural del que nos habla.

Siempre teñida por un deje de humor, la lectura del “Diario de un fiscal rural” no puede ocultar que el Egipto a la vuelta del primer tercio del siglo XX era mucho más parecido a la España de la época de lo que es en la actualidad. Y esta similitud es lo que da pie a comparar pasado y presente y a comprender que las diferencias entre un país y otro son menos radicales de lo que parecen.

Un hombre de ciudad, el fiscal, es destinado a un pueblo alejado en el delta del Nilo. La existencia del campesino es mísera, como miserable es la cultura del medio agrícola del que no ha salido nunca.

Pero si inmóvil y atrasada es la sociedad en la que vive el campesino, activos e imparables son el Estado y la Justicia llegando a todas partes con sus funcionarios, sus procedimientos y el peso de su autoridad. De esta contradicción se deduce que nuestro fiscal cae de bruces en un mundo ruinoso, tanto en cuanto a la riqueza material se refiere como a la espiritual y se convierte en un abnegado defensor de la causa de la razón y la justicia consciente, muchas veces, de rozar lo quijotesco.

Con ironía, al borde de la desesperación, el relato del fiscal desgrana la tarea ingente de aplicar la ley allí donde la vida hace desfilar los delitos que siempre han acompañado a la convivencia de hombres y mujeres, de vecinos, de rivales… Ironía al contemplar a los demás y sus faltas, picaresca en la relación de unos y otros y cansancio -cansancio casi extenuante- del fiscal en su ingente y escasamente reconocida tarea.

Diario de un fiscal rural es un libro delicioso y divertido también que nos muestra un Egipto no tan lejano, humano y pegado a la vida, lleno de pequeñas historias que dan relieve a un lugar y a sus gentes y ayudan, en la distancia que da el paso de los años, a comprenderlo.

Más comentarios en Seda (Revista de Estudios Asiáticos)

1 comentarios:

Ignacio dijo...

Leí esa novela en una edición muy antigua: qué alegría que la hayan reeditado, es una obra maestra poco conocida, muy superior a mi entender a los esfuerzos de retrato social (que no están nada mal, conste) del nobelizado Naguib Mahfouz.