domingo 8 de junio de 2008

El nacimiento de los Estados Unidos (1763-1816)


Isaac Asimov
Alianza, 2006
326 pp.






Las cosas demasiado evidentes acostumbran a generar poco interés. Y eso es lo que a menudo ocurre con la historia de los EE.UU. A los ojos de cualquier europeo, consciente de llevar a sus espaldas un largo pasado ennoblecido por el transcurso de los siglos y de los grandes nombres, los EE.UU. no muestran más que algunos accidentes históricos, situados en los bordes del acontecer europeo y con la gloria relativa de haberlos protagonizado una población rústica con algunos hombres notables salidos de un mundo de granjeros.

Me interesó la historia de los EE.UU. en el curso de un viaje por el Medio Oeste. Y, sobre todo, me interesó por el misterio que supone la formación del país a la vista de las dificultades que hoy tiene para desarrollarse un proyecto de integración europeo y a la vista, también, de las fuerzas de desintegración que tan presentes se hacen como resultado de los sentimientos nacionalistas en alza.

¿Cómo consiguió EE.UU. alcanzar el acuerdo de unidad que hoy aparece como una realidad evidente y como si estuviera escrito en su propia naturaleza?

El nacimiento de los Estados Unidos (1763-1816) trata de este tema y es el segundo de los cuatro volúmenes que Asimov dedica al desarrollo histórico, político y cultural de América del Norte. No hace falta decir que Asimov es un excelente divulgador. No es un creador de teorías históricas ni un investigador del que se deban esperar descubrimientos inéditos. Asimov, simplemente, se propone relatar, con cierto detalle, cómo fue que unas pocas colonias, independientes unas de otras y gobernadas por instituciones locales creadas cada una a su manera y sometidas a la soberanía del rey y a las leyes del parlamento de Londres, desarrollaron una voluntad de independencia, pusieron los medios para conseguirla y alcanzaron entre ellas los acuerdos políticos que las llevaron por el camino de la unidad.

Asimov no es necesariamente antibritánico. Su punto de vista es también de sorpresa por el hecho de que los acontecimientos históricos siguieran el curso que siguieron . Y, así, el relato que construye, además de una historia 'americana' es también una historia desde el punto de vista europeo. No hay trazas de vanagloria en la gesta de los colonos, aunque sí de reconocimiento de su valor. Washington aparece como un general de méritos discretos, aunque sagaz. Los enviados por los revolucionarios a Europa en gira diplomática para buscar ayuda contra Inglaterra salen poco bien parados, como no podía ser de otro modo partiendo de unas colonias faltas de hombres formados y de grandes personalidades.

La relación con Canadá, la búsqueda de una constitución, el nacimiento de nuevos estados más allá de las trece colonias que se declararon independientes de Inglaterra, la dificultad de emprender acciones militares como un conjunto siendo las colonias independientes y teniendo intereses diversos -atención a la dificultad de una postura común hoy en la UE-, las guerras contra los indios y las que nacieron al calor del conflicto que marcaba la relación entre Inglaterra y Francia, los conflictos entre estados... son asuntos que van apareciendo a medida que discurre ese tiempo en que se cuece, lentamente, la mezcla que dará lugar a los EE.UU. que conocemos hoy.

Siempre es enriquecedor el conocer la historia de un lugar al que se viaja. Y debo confesar que no había sentido la tentación de ponerme a ello en el caso de los EE.UU. hasta haber salido del ámbito de las grandes ciudades, visto las praderas y los inmensos paisajes americanos y después de pasar junto a lugares que en el mapa venían marcados como escenarios de batallas o de hechos históricos de relieve y sin embargo desconocidos.

El nacimiento de los Estados Unidos colma la curiosidad acerca de la historia norteamericana y muestra, con la habilidad narrativa y la fácil lectura que caracteriza a los textos de Asimov, un país con un pasado rico, aunque reciente, y cargado de interés.